Jacques Maritain

Jacques Maritain fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Fue un hombre de profunda pasión religiosa, filosófica y cívica, así como un testigo activo y participante en los acontecimientos de su tiempo.

Balance a los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

 


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 Jorge Horacio Gentile (Director). Balance a los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (según el pensamiento de Jacques Maritain)Alveroni Ediciones, Córdoba, 2010. Artículos de Rosa Avila Paz, Pedro Baquero Lazcano, Rodolfo Capón Filas, Ricardo del Barco, Jorge Horacio Gentile, Paola Carolina Paliarani, Julio Daniel Plaza, Federico Justiniano Robledo, Alberto M. Sánchez, Christian Alejandro Schulthess y Claudio Martín VialeCuestión de rigurosa actualidad, los derechos humanos han sido indebidamente apropiados con fines de política coyuntural por personas e instituciones que se arrogan la exclusividad de su defensa pero no siempre de su respeto.

Pero deben ponerse las cosas en su lugar: la cuestión de los derechos humanos no es solamente de hoy, ni está limitada a acontecimientos históricos determinados. Obras como la que hoy presentamos así lo demuestran.;

En el año 2008 se cumplieron 60 años desde que la Organización de las Naciones Unidas aprobara solemnemente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La cercanía de esa celebración multiplicó la inquietud de abordar con seriedad y responsabilidad la cuestión, que por cierto, tampoco nació en 1948.

Este libro es el resultado de una investigación colectiva efectuada por iniciativa de la Dra. Rosa Avila Paz de Robledo y dirigida por el Dr. Jorge Gentile, apoyada por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. La investigación tuvo la finalidad de efectuar una mirada retrospectiva respecto de la suerte de los derechos humanos en los sesenta años transcurridos desde que por amplia mayoría los países representados en la Organización de las Naciones Unidas declararon solemnemente reconocerlos. En aquel momento se sintió que ello era una necesidad después de los horrores habidos durante la primera mitad del siglo XX, como las dos guerras mundiales, incluido en la Segunda la utilización de armamento atómico, ambas con una inusitada cantidad de muertos; al menos dos genocidios, el del pueblo Armenio a principios de siglo y el del pueblo judío en la Shoá motorizada por la irracional ideología racista del nacional socialismo; regímenes totalitarios de distinto signo ideológico pero igualmente negadores de los derechos del hombre, entre otras aberraciones.

Los aportes hechos para dicha investigación hoy son capítulos del libro, y corresponden tanto a plumas experimentadas como las de los Dres. Pedro Baquero Lazcano, Rodolfo Capón Filas, Ricardo del Barco, Federico Robledo, Alberto Sánchez y Claudio Viale, además de los ya nombrados Avila Paz y Gentile, como a investigadores jóvenes de quienes mucho se puede esperar atento la profundidad e importancia de sus trabajos, como son Paola Carolina Pagliarani, Julio Daniel Plaza y Christian Alejandro Schultess.

Destacaré algunas cuestiones relevantes que encuentro en el balance que el libro propone.

- En primer lugar, la expresión “derechos del hombre” o “derechos humanos” no tiene el mismo significado en todas las culturas, y ello constituye una dificultad. La elaboración de la Declaración Universal fue un esfuerzo de superación de dificultades, precisamente por las trabas que la influencia de las diferentes creencias e ideologías de los representantes de los Estados miembros ocasionaban. Recordemos que en la organización mundial flamante por aquellos años, convivían Estados occidentales con regímenes políticos democráticos y organización económica capitalista con regímenes comunistas; países de cultura de tradición cristiana en sus versiones protestante, católica y ortodoxa, con islámicos, budistas e incluso oficialmente ateos. La sabiduría de Jacques Maritain, pese a su compromiso filosófico con el tema claramente asumido en varias de sus obras, en particular “Los derechos del hombre y la ley natural”, proporcionó una vía para la superación de los obstáculos. Ella se formuló principalmente en la Introducción que se le solicitó a la obra de la UNESCO que en 1947 recopiló las respuestas de  personalidades representativas de todas las culturas a la encuesta que dicho organismo efectuara sobre la viabilidad de que se aprobara una Declaración de las características de la que se procuraba hacer. En efecto, Maritain propuso que los Estados buscaran acuerdos prácticos sobre los derechos a reconocer, sin discutir los fundamentos últimos de cada uno, los “por qué” de cada uno. Fue un sabio consejo, pues el consenso fue posible y la Declaración fue aprobada.

Sin embargo, la diferencia de significados o de alcance que un derecho en particular pueda tener para diferentes culturas, se han exteriorizado a menudo cuando han debido discutirse el reconocimiento expreso de nuevos derechos o los instrumentos para su tutela efectiva. A modo de ejemplo, señalo que no se entiende de la misma manera los alcances de la no discriminación a la mujer en la cultura occidental que en la islámica.

- En algo más de 60 años constatamos importantes avances, especialmente porque la gama de los derechos reconocidos se ha ido ampliando e incorporando a nuevos documentos aprobados por la comunidad internacional, como el Pacto para los Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo, y el Pacto para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y posteriormente numerosas Convenciones como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; la     Convención sobre los Derechos del Niño, la mayor parte de las cuales han sido incorporadas a nuestra Constitución Nacional. La toma de conciencia de derechos cada vez más amplios se refleja en la variedad temática que encontramos en la obra.

- Es importante advertir que el reconocimiento de cada derecho implica la consideración de detalles que se deben contemplar para que ellos tengan efectiva vigencia, los que también pueden generar dificultades. Hay capítulos en este libro que desarrollan los derechos de los niños y jóvenes y el derecho a una vejez digna, que dejan ver cómo detrás de su enunciado surgen exigencias concretas muy variadas. Ejemplo,  la trata de niños, la prostitución infantil, la pornografía infantil, el proceso judicial cuando tiene al menor como víctima o como autor de un ilícito, o las tutelas diferenciadas a los ancianos, van abriendo el abanico de requisitos para que los derechos humanos de esa parte tan débil de la población tengan efectiva vigencia.

De igual modo, en otros capítulos descubrimos que el reconocimiento aun expreso de ciertos derechos, encierra matices que pueden ser relevantes para su plena vigencia. Así, una cuestión que parece obvia, como la garantía de imparcialidad a la que tiene derecho toda persona en un proceso penal reconocida en el artículo 10 de la Declaración Universal, y que para nuestra legislación no era nueva, permite una lectura subjetiva, relacionada con la falta de interés personal por parte del juzgador en que una cuestión se resuelva de un determinado modo, pero también una lectura objetiva, que atiende al proceso como una unidad, y que tiene repercusión sobre la organización judicial. O la profundización de la cuestión referida al Estado como garante de la vigencia de los derechos humanos, lleva a advertir que la eficacia y la eficiencia en la actividad administrativa del Estado no son un tema menor desde la perspectiva de los derechos, y hasta pueden condicionar o limitar su efectiva protección.

- La vigencia de los derechos humanos no solamente necesita de reconocimiento explícito o implícito por parte de la legislación internacional o nacional, y de una adecuada administración de justicia y efectividad en el manejo de los medios necesarios para hacerlos respetar, sino una sociedad concientizada en la dignidad de la persona, dotada de valores, la que pone en funcionamiento lo que uno de los autores llama “medios pobres”, entre los que se señala la objeción de conciencia, puesta en cuestión recientemente en la provincia de Córdoba sin que los hechos lo justificaran, por una resolución del Ministerio de Justicia, como también la resistencia civil, la no violencia y la solidaridad sin fronteras.

- Los progresos en la toma de conciencia sobre los derechos y la extensión en su reconocimiento y esfuerzos por tutelarlos, se asienta sobre un derecho básico, fundante de todos los demás, que reclama un respeto innegociable: el derecho a la vida, sobre el que los autores de este libro vuelven recurrentemente. Es tan obvio este derecho, que muchos textos constitucionales, entre ellos el nuestro, lo omite en su enumeración porque lo da por supuesto. Es que sin vida no puede haber otros derechos.

Cabe preguntarse entonces, por qué varios de los autores han coincidido en reflexionar sobre el derecho a la vida.

- El tema nos lleva a otra reflexión: desde la aprobación de la Declaración Universal, han habido avances pero también retrocesos. Algunos han consistido en la repetición de violación de derechos, o sea, a lo que la Declaración Universal quería poner fin. En estos sesenta años se han visto matanzas de civiles, genocidios como el de Ruanda, discriminaciones por razones de religión, etnias o pertenencias culturales, aplicación de penas crueles, trato degradantes a prisioneros o detenidos, persecuciones o limitaciones severas a la libertad religiosa, y muchos más.

Pero hay otra forma de retroceso, más sutil, incluso defendido por muchos en nombre de los propios derechos humanos, en lo que uno de los capítulos llama con razón “perversión del lenguaje” y que afecta precisamente al derecho a la vida. Se ha entronizado una “cultura de la muerte”, que según una cita que trae el capítulo pertinente del libro, “se traduce en una serie de actitudes, comportamientos, instituciones y leyes que la favorecen y la provocan”. Se ha generalizado una visión que deja abierta la opción como legítima, de suprimir algunas vidas humanas en determinadas circunstancias.

El debate ya no se cierne sólo ni principalmente en torno a la pena de muerte. Hay otros ataques a la vida humana más atroces. Señalo el más notorio, el aborto, al que se quiere presentar como un derecho humano de la mujer a disponer de su cuerpo, olvidando que quien en él se aloja es un ser humano, con vida propia y distinta de la de su madre. Junto al aborto debemos señalar nuevas formas de eugenesia que consideran un “estorbo” a ciertos seres humanos. También la eutanasia, en la que la impropiedad del lenguaje presenta como una forma piadosa de acelerar el fin de las personas que están llegando al ocaso de su vida. El hombre erigido en un dios que dispone de quiénes, cuándo y cuánto podrán vivir, en nombre del derecho de la mujer, de los ancianos, de los enfermos o de los discapacitados.

- Al lado del progreso en la consideración de los derechos humanos, encontramos la pérdida del rumbo en otras. Subyace a esto la generalización del relativismo. Maritain pidió a los representantes de las naciones comprometerse con los derechos humanos prescindiendo de sus respectivas creencias fundantes para poder acordar en el reconocimiento de derechos concretos, y fue un aporte positivo. Pero lo fue, porque las familias religiosas, filosóficas y culturales representadas en las Naciones Unidas fueron capaces de compartir una raíz no explicitada: la persona humana y su dignidad.

El relativismo, en cambio, prescinde de este valor supremo. Cualquiera puede erigirse en juez de las circunstancias en que la persona puede no ser o dejar de ser; a lo sumo, pretenderá un “consenso” falso, no en proteger a la persona sino en destruirla en las circunstancias que ese “consenso” indique.

- Ésta es, en última instancia, la trinchera actual para defender los derechos humanos. Hay conciencia para respetar las garantías personales, aunque muchas veces no se respeten; los crímenes masivos son aborrecidos y penalmente perseguidos, habiéndose reconocido su imprescriptibilidad, aunque la locura se apropie a menudo en una punta u otra de la tierra reincidiendo en ellos. Pero no hay conciencia de las formas aparentemente “civilizadas” y “políticamente correctas” que están atentando contra el derecho humano esencial.

- El libro que hoy se pone en manos de ustedes constituye así una valiosa herramienta que nos permite ver los derechos humanos en su integridad y universalidad y nos concientiza de la mejor manera para su defensa, persistente, tenaz, y a menudo silenciosa.

 

                                                   Gonzalo F. Fernández

Secretario General Instituto Argentino>

                                                                                  Jacques Maritain

 


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