Jacques Maritain

Jacques Maritain fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Fue un hombre de profunda pasión religiosa, filosófica y cívica, así como un testigo activo y participante en los acontecimientos de su tiempo.

Sexo, Género y Matrimonio

Panel

Carlos Schickendantz[1]

Universidad Católica de Córdoba

  

Introducción

 Dos comentarios introductorios:

·        «Lecciones de una era extraordinaria».[2]

·        Seminarios de género, feminismos y sexualidad 2003 – 2010,[3] publicados 6 libros.[4]

 

- I -

 En buena parte de occidente vivimos, en cierto modo, una nueva situación: una sociedad ideológica y religiosamente plural. El pluralismo es un hecho antes que una ideología o forma de pensar. Estamos llamados a convivir juntos, personas y grupos, con cosmovisiones más o menos desemejantes.

El cristianismo está profundamente desafiado: cómo se inserta él en los procesos de diálogo y consenso típico de las democracias pluralistas contemporáneas.

 En la introducción al libro de 2006 escribí: “Este libro se inscribe también en un conciente marco caracterizado por el pluralismo. No le costará al lector/a advertir posiciones diferentes y a veces contrarias entre los diversos autores y autoras. Pero, ¿cómo podremos vivir juntos sin crear espacios institucionales donde resuenen voces diversas? Pero no hay que hacerse ilusiones. Soy cada vez más conciente que esta característica, el pluralismo, tan exaltada y deseada (sobre todo en los ámbitos académicos), plantea tales exigencias que, con facilidad y casi sin advertirlo, se abandona el camino; este peligro acecha por igual a conservadores y progresistas. El marco plural, por lo demás, no opaca, más bien reclama, la búsqueda de razones éticas fuertes que sostengan la convivencia ciudadana”.[5]

 Deberíamos suponer que todavía no nos es completamente claro, en cada uno de los temas, formular las fronteras a la hora de definir cómo y hasta qué punto determinadas enseñanzas propias del cristianismo pueden o deben convertirse en políticas públicas.

 Además, no puede desconocerse que en el mismo cristianismo, en general, y en el catolicismo, en particular, existe hoy, de hecho, un pluralismo importante, a veces aparentemente irreconciliable.

Las diferentes opiniones que se hicieron públicas las semanas pasadas en Córdoba es una buena muestra de una situación mucho más general. Es fácil constatar que el tema que nos ocupa marca profundamente, e incluso divide a la iglesias (por ej., en la Comunión anglicana, la ordenación de obispos en una relación homosexual estable).

Además, aunque hay estabilidad en la enseñanza oficial de la Iglesia, no puede desconocerse que  en el siglo XX se han producido modificaciones o nuevas acentuaciones muy importantes, tales como, en el Vaticano II, el abandono de la doctrina del fin primario y secundario en el matrimonio. Piénsese también en la profunda revisión que han sufrido la interpretación de los textos bíblicos. Hoy existe una amplia discusión entre los estudiosos de la Biblia acerca del significado exacto del texto de Sodoma (Gn 19, 1-29), que le dio nombre incluso a cierto tipo de relaciones sexuales caracterizado como pecaminoso, sodomía. Es fundamentalmente un texto sobre el deber de la hospitalidad, sin que se excluya en base a otro texto, del libro del Levítico 18,22, la prohibición de determinadas conducatas sexuales.[6] Recuérdese que la cita del Génesis ha sido el texto más influyente en la historia del cristianismo para una condena de la homosexualidad. Los ejemplos podrían continuar.

  - II -

 Cambios profundos en la manera de pensar y vivir la sexualidad a partir de la “revolución” cultural de la década del 60’. Baste pensar lo que significó la píldora anticonceptiva. A eso puede sumarse el desarrollo de un movimiento tanto intelectual cuanto socio-político en torno al feminismo, y a los planteos teóricos y movimientos sociales amparados bajo la categoría de género. Es también la búsqueda de ciudadanía, digámoslo así, de nuevos sujetos que, en buena medida, cuestionan el “contrato heterosexual” (Wittig). Se trata de procesos complejos, ambivalentes, que necesitan análisis detallados para hacerle justicia a dicha complejidad.

Uno de los datos más relevantes en las sociedades actuales: la nueva posición de las mujeres. Naturalmente esto plantea nuevas posibilidades y nuevas tensiones, reformulaciones de roles y de derechos.[7] No puede negarse que occidente, y la Iglesia en ella, tienen una deuda milenaria en este punto.

Al respecto, en la introducción al libro de 2003, citado, escribí: “En casi todas las culturas, también en nuestra América Latina y en nuestra Argentina, «la pobreza tiene rostro de mujer». No existe estudio de la realidad social que no advierta que las mujeres son las más perjudicadas cuando se observan diversos parámetros: violencia familiar, explotación sexual, marginalidad, inferior condición laboral, relegamiento en los cargos directivos, etc. Una universidad debe encontrar maneras propias de denunciar y oponerse a estas prácticas injustas, ante todo, examinando críticamente los discursos y las mentalidades que las sustentan. No constituye un tema optativo.”

  - III -

 Nuevos acentos en la autocomprensión de la Iglesia a partir del Vaticano II que pueden concretizarse en el documento «Dignitatis humanae» sobre la libertad religiosa o en la importancia del diálogo como método para realizar la tarea propia de la Iglesia.

Al respecto, encuentro muy feliz una formulación en un texto ecuménico referido al diálogo sobre asuntos morales, que puede ser aplicada de manera más general: “En el diálogo, primero debemos tratar de entender los puntos de vista morales y las prácticas de otros tal como ellos las comprenden, de modo que cada uno pueda reconocerse a sí mismo en las descripciones. Sólo después podemos evaluar a los otros a partir de la propia tradición y experiencia.”[8]

 Autocríticas:

 Dialogar con las personas de otras experiencias, inclinaciones sexuales y cosmovisiones. La paciente escucha del otro, diferente a mi, es una vía privilegiada a la verdad. Me parece oportuna la crítica de Stephen Pope a la estrategia de los obispos norteamericanos frente a iniciativas legislativas semejantes a la actual en Argentina: han hablado sobre los homosexuales, no con ellos.[9]

 Por otra parte, pienso que es necesario dialogar con la categoría de género.[10] Comprender su complejidad, la pluralidad incluso contradictoria de sus posiciones; hay en ella un núcleo de verdad que subraya la importancia de lo cultural; por otra parte, es bueno advertir que, tras formulaciones académicas, se encuentran biografías de personas que han sufrido fuertemente la discriminación por poseer tendencias y deseos sexuales que nunca eligieron sino que son “naturales” para ellos, etc.

Ella puede ayudar a superar algunas limitaciones importantes de la tradición cristiano-occidental: de la mujer a las mujeres (plural!), de lo unilateralmente biológico a un mayor equilibrio, valorando la importancia no menos decisiva de lo cultural.

Si uno revisa la evolución de la comprensión de la noción de sexualidad, de matrimonio (por ejemplo, el doble fin del matrimonio) sufrida en el mismo siglo XX no puede negarse a pensar que ulteriores desarrollos son posibles y, quizás, necesarios.

Necesidad, también, de cruzar esta noción, género, con otras variables no menos importantes: raza, pobreza, etc.

La importancia teórica y práctico-política de esta variable (perspectiva de género) puede medirse, por ejemplo, por la relevancia de los estudios históricos. En la introducción del libro de 2005, comentando un artículo referido a la historia de Córdoba en perspectiva de género, escribí: “En el primer artículo la profesora Patricia Roggio sobre «La problemática de las trabajadoras de la confección a domicilio en las primeras décadas del siglo XX» constata que el estudio del mundo del trabajo desde una perspectiva de género es un universo relativamente poco explorado en la historiografía cordobesa. Otra constatación es quizás más importante. Este universo laboral femenino constituye uno de los eslabones más débiles de la condición obrera, con escasa presencia social y casi nula o por lo menos tardía organización gremial, absoluta desprotección estatal, carencia de legislación laboral protectora, jornadas desmedidas, espacios de trabajo antihigiénicos, salarios irrisorios, etc., y todo esto sumado a su labor doméstica cotidiana, la crianza de los hijos y la responsabilidad por la casa, dejada a su exclusividad. Es elocuente una descripción periodística de la época: “las miserias infinitas, el calvario permanente de este ejército numerosísimo que está constituido por infelices desamparadas sin más patrimonio que el trabajo de la aguja, el trabajo de la máquina” (La Voz del interior, 13 de enero de 1916). Un futuro menos injusto se construye sobre la memoria de las víctimas. La posibilidad de que los padecimientos del pasado no vuelvan a repetirse reside también en la memoria. El artículo tiene el mérito de llamar la atención sobre sufrimientos indecibles en biografías sin nombre, que han quedado ocultos, incluso para sus mismos contemporáneos. Considero que es un deber primordial de un universitario el sacar a la luz los sufrimientos humanos, recordar lo que ordinariamente queda en el olvido.”[11]

  - IV -

 Quién se aproxime hoy con espíritu abierto a los diversos estudios sobre las homosexualidades se encontrará con un mundo extremadamente complejo (tanto como el heterosexual), cargado de interrogantes, con fronteras no definidas (su origen, sus causas, su naturaleza, su relación entre lo genético, lo biológico y lo cultural, etc.).[12]

 Homosexualidades, en plural. Un degradé. Piénsese en las diferencias constatadas en relación a las características referidas a la homosexualidad masculina y femeninas, por ejemplo.

 Cantidad: difícil de medir. Algunos estudios: 1%-4% entre mujeres y 4% - 16% entre hombres; es decir, se trata de una minoría, pero con una gran cantidad de personas.

 Una realidad compleja y todavía muy desconocida: recién en 1974 la Academia Americana de Pediatría la quitó de la lista de la categoría de trastornos mentales.

 Se trata de una disposición fundamental u orientación no elegida y de difícil transformación. De allí que buena parte de los estudiosos hoy aconsejen el ayudar a estas personas a aceptar su situación, y vivir de una manera responsable, particularmente, construyendo relaciones humanas estables y generosas.

 Actividad sexual: los datos no respaldan la idea de una focalización en la actividad sexual. Durabilidad de las parejas y promiscuidad es un dato real, pero con explicaciones múltiples.

En este punto no se debe minusvalorar la importancia destructiva del rechazo social introyectado, interiorizado desde la más temprana infancia; se despierta una agresión contra la sociedad que se convierte inexorablemente en autoagresión. Uno podría preguntarse qué pasaría si un heterosexual fuera sometido a la misma presión desde la infancia.

 Una minoría se ha rebelado y expresado activa, mediática, y a veces violentamente, pero la mayoría lo sufre silenciosamente. Identificar ambas realidades constituye un error de apreciación. Un grupo estigmatizado, culturalmente despreciado y, a menudo, perseguido y torturado. Es, más de lo que se cree, un mundo de sufrimientos.

La realidad de los ghettos o colectivos gays es una problemática muy particular que también merece un análisis cuidadoso.

Debemos reconocer que vivimos en una cultura homofóbica, cargada de prejuicios, desconocimientos, lenguaje agresivo y despectivo, etc. No debemos olvidar que estamos frente a un grupo social históricamente marginado que hace demandas de justicia y reconocimiento. Con las experiencias históricas acumuladas (negros, indios, mujeres, judíos, etc.) deberíamos aprender que cuando un grupo minoritario aduce discriminación, la sociedad está invitada particularmente a prestar atención. Hay que aprender de la historia.

 El “silencio” de Jesús en los evangelios referido a la homosexualidad, como con otros temas de la “ética sexual”, no puede sobrevalorarse, pero tampoco minusvalorarse. Existe un único lugar en el Antiguo Testamento (Lv 18,22) dentro de los catálogos normativos y está enmarcado, evidentemente, en un contexto de ritos de purificación, de distinción con los cultos cananeos y una afirmación de la identidad israelita. En el Nuevo Testamento el tema no es nunca objeto de un tratamiento directo. En las tradiciones de los evangelios sinópticos y los escritos juáneos no juega ningún rol. Aparece en ámbitos culturales de relación con el mundo pagano (Rm 1,27). Como se ve, en esos contextos están en juego temas muy importantes como la idolatría. Por tanto, existe hoy un delicado equilibrio entre reducir a la insignificancia los textos bíblicos que condenan la práctica homosexual y el no reconocer las importantes revisiones en la interpretación de ellos, particularmente atendiendo a su contexto socio-cultural.

 La tradición eclesial no ha sido conciente, no podía serlo, de que la homosexualidad es más bien una condición que se descubre y no consecuencia o fruto de una elección (aún hoy se repite la idea de una sexualidad elegida; es una expresión más de la ignorancia y prejuicios que rodean este tema). De allí la convicción en Pablo o Tomás de Aquino de que ese pecado era expresión de una persona depravada. Por otra parte, la preeminencia otorgada a la procreación favoreció, históricamente, la condena con mucha mayor fuerza de la homosexualidad que del adulterio. Como sucede con todos los temas referidos a la sexualidad la historia del desarrollo de estas ideas es extremadamene compleja. Hoy poseemos nuevas luces que nos ayudan a distinguir los condicionamientos culturales de las formulaciones propiamente doctrinales de la Iglesia.

 La doctrina de la Iglesia distingue entre constitución u ordenación y conducta ética, es decir, práctica de relaciones sexuales con personas del mismo sexo.[13]

Hoy en día surgen muchos preguntas. Por ejemplo: si la expresión “desorden objetivo” para hablar de dicha constitución no favorece un estigma negativo y ofensivo de dichas personas o, también, las dificultades que plantea para una persona la prohibición de toda práctica sexual a lo largo de toda la vida. Dos soluciones posibles: renuncia a todo acto corporal o la concreción de una relación lo más madura, estable, respetuosa posible. Esta última posibilidad la proponen algunos usando un principio moral clásico: mal menor.[14]


 

[1] El presente texto fue utilizado para el encuentro organizado por el Instituto Jacques Maritain el jueves 3 de junio de 2010 en el Salón Regino Maders de la Legislatura de la Provincia de Córdoba, en un panel integrado por los Doctores Inés del Riego, Daniel Lasa y Carlos Schickendantz, y coordinado por la Dra. Rosa Ávila Paz. Por tanto, se trata de un mero apunte de ideas allí presentadas.

[2] A partir de un artículo de R. Haight, “Lessons From an Extraordinary Era. Catholic Theology since Vatican II”, en www.americamagazine.org/content/article.cfm?article_id=10686 pongo de relieve una mirada agradecida, optimista y esperanzada en base a los grandes avances de la teología de nuestro tiempo, también en el ámbito temático del panel que hoy nos convoca.

[3] Hice referencia a una iniciativa académica que desde hace varios años se concreta, bajo mi responsabilidad, en el ámbito de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Córdoba. Se han realizado ya nueve seminarios semestrales, entre los años 2003-2010. Han contado con la participación de alrededor de 230 personas (sumando los nueve seminarios), con 20 disertantes diversos; cinco de ellos estables, pertenecientes a diversos ámbitos disciplinarios: historia, letras, psicología, filosofía, teología.

[4] Cf. C. Schickendantz (ed.), Mujeres, género y sexualidad. Una mirada interdisciplinar, Educc, Córdoba 2003; id. (ed.), Religión, género y sexualidad. Análisis interdisciplinares, Educc, Córdoba 2004; id. (ed.), Cultura, género y homosexualidad. Estudios interdisciplinares, Educc, Córdoba 2005; id. (ed.), Mujeres, identidad y ciudadanía. Ensayos sobre género y sexualidad, Educc, Córdoba 2006; id. (ed.), Feminismo, género e instituciones. Cuerpos que importan, discursos que (de)construyen, Educc, Córdoba 2007; id. (ed.), Memoria, identidades inestables y erotismo. Textos sobre género y feminismos, Educc, Córdoba 2008.

[5] C Schickendantz, “Introducción”, en id., Mujeres, identidad y ciudadanía. Ensayos sobre género y sexualidad, 13-31, 14.

[6] Cf. por ej., R. Clifford – R. Murphy, “Genesis”, en R. Brown - J. Fitzmyer - R. Murphy (eds.), The New Jerome Biblical Commentary, New Jersey 1990, 8-43, 23; A. Awi M., “¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?” Teología y vida 42 (2001) 377-398; W. Korff, “Homosexualität”. III. Theologisch-etisch”, en Lexikon für Theologie und Kirche 5, Freiburg i.Br 2009, 255-259, 256.

[7] Cf. por ej., Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “La búsqueda de nuevos imaginarios de género. El impacto de los cambios en el Chile actual”, en C. Schickendantz (ed.),Mujeres, identidad y ciudadanía, 71-104.

[8] Joint Working Group between the Roman Catholic Church an the World Council of Churches, “The Ecumenical Dialogue on Moral Issues”, September 1995, Guidelines, 2 (www.wcc-coe.org/wcc/who/crete-08-e.html).

[9] Cf. S. Pope, “Los argumentos del Magisterio contra el ‘matrimonio homosexual’. Análisis ético y crítica”, en C. Schickendantz (ed.), Cultura, género y homosexualidad, 235-292.

[10] En este punto, me parece ejemplar, por citar un caso importante, K. Lehmann, “Teología y cuestiones de género”, en C. Schickendantz, Mujeres, identidad y ciudadanía, 211-236.

[11] C. Schickendantz, “Introducción”, en id., Cultura, género y homosexualidad. Estudios interdisciplinares, 13-25, 13s.

[12] Cf. por ej., T. Rendtorff, “Homosexualität”, en A. Hentz y otros (eds.), Handbuch der Cristlichen Ethik. 2., Freiburg i.Br. 1993, 177-195; C. Domínguez Morano, “El debate psicológico sobre la homosexualidad”, en J. Gafo (ed.), La homosexualidad: un debate abierto, Bilbao 42004, 13-95; J. Gafo, “Cristianismo y homosexualidad”, en ibid., 189-222. La conciencia de esa complijidad puede advertirse en los juicios muy moderados de personalidades intelectuales relevantes de la Iglesia actual: K. Lehmann, Es ist Zeit, an Gott zu denken, Freiburg i.Br. 2000, 55-60; C. Martini – G. Sporschill, Jerusalemer Nachtsgespräche. Über das Risiko des Glaubens, Freiburg i.Br. 22008, 112ss. (De ambos hay ahora traducción castellana)

[13] La enseñanza oficial actual de la Iglesia puede encontrarse en el documento de 1975, Congregación para la Doctrina de la Fe, “Declaración Persona humana sobre algunas cuestiones de ética sexual”, nº 8, en el Catecismo de la Iglesia Católica nn. 2357-2359.

[14] Cf. W. Korff, “Homosexualität.”, 257. Sobre las uniones civiles la posición oficial de la Iglesia se encuentra, particularmente, en dos textos de la Congregación para la doctrina de la fe, “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al  compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”, 2002; “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, 2003.

 


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